Tras la comparecencia de la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en la rueda de prensa del Consejo de Ministros celebrada el viernes 22 de febrero, AEE valora positivamente la ambición del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y los objetivos a 2030 para la energía eólica.

La apuesta de un modelo energético enfocado a garantizar la transición energética del país sitúa a las energías renovables en el eje principal del cambio. Por ello, el sector eólico español valora positivamente la presentación de la previsión de potencia renovable a 2030 por la visibilidad a largo plazo que aporta y por la ambición de país en sus objetivos ambientales.

La visibilidad que concede el PNIEC es algo que el sector eólico lleva tiempo reclamando. Una vez conocidos los objetivos de incremento para cada una de las tecnologías, será necesario aportar las herramientas regulatorias que permitan avanzar de forma óptima, es decir, con un ritmo de crecimiento lineal de las tecnologías en los próximos años, y que atraigan y aseguren las inversiones que se precisan para acometer la transición.

En relación con la aportación de la energía eólica, el objetivo planteado de una potencia instalada de 50.258 MW a 2030 en el PNIEC es coherente con lo que AEE ha proyectado en sus últimos análisis para una transición energética. Actualmente, la energía eólica en España suma un total de 23.484 MW instalados. La aportación eólica al sistema en 2018 ha sido del 19%. Para cumplir con el objetivo de 50 GW a 2030 es necesario instalar una media de 2.200 MW al año. AEE considera que este volumen de nuevos megavatios al año es factible y el sector eólico está preparado para afrontar este reto con éxito.

En España hay múltiples proyectos identificados y maduros con emplazamientos de recursos de viento factibles y con la moderna tecnología eólica será posible que en 2030 la eólica aporte un 34% de la generación total.

La energía eólica es plenamente competitiva y su tecnología está altamente consolidada. La industria eólica española cuenta con el 100% de la cadena de valor ubicada en nuestro país y está preparada para aprovechar la oportunidad que supone para el país el escenario plasmado en el Plan. Una oportunidad que hay que aprovechar, que se traducirá en actividad industrial, creación de empleo de valor para el país, desarrollo de I+D, generación de beneficios sociales y económicos para los entornos donde se fabrica y se instalan los nuevos parques y, en general, una mayor vertebración económica para el territorio español.

En este escenario, las subastas y su diseño jugarán un papel clave, pero para que sean eficaces en resultado y eficientes en coste, el siguiente paso será disponer lo antes posible de un cronograma de subastas anual con el volumen que se va a subastar en cada una de ellas, tal como han hecho otros países como Alemania, Holanda o Francia. En el PNIEC se identifican como mecanismos de actuación las convocatorias de subastas con un calendario plurianual hasta 2030, que podrán distinguir entre las distintas tecnologías en función de sus características.

De esta forma, los inversores podrán perfeccionar con tiempo sus proyectos y la industria podrá planificar los productos más competitivos, lo que redundará en un abaratamiento de los costes de las instalaciones. Es fundamental que la planificación y las subastas vayan de la mano, por lo que será más adecuado utilizar subastas con cupos para cada tecnología, en lugar de ser tecnológicamente neutrales.

El sector requiere de la visibilidad que aporta el PNIEC y una estabilidad regulatoria, que no suponga una merma en los resultados de las plantas existentes y permita la planificación y puesta en marcha de nuevas instalaciones renovables. En el caso de la eólica, que es la tecnología renovable con porcentaje mayoritario de industria propia en el país, esto es especialmente importante, ya que los fabricantes hasta ahora desconocían qué volumen de negocio tendrán en España en los próximos años. Es fundamental garantizar la seguridad jurídica, eliminando aspectos como la modificación de la rentabilidad razonable de los proyectos cada seis años. Para invertir en nuevos proyectos será importante poder valorar el retorno de la inversión justo en el momento de realizarla, lo que facilitará considerablemente el acceso a la financiación.

En conclusión, la aportación progresiva de la energía eólica hasta alcanzar los 50 GW en 2030 en el sistema eléctrico español es una oportunidad para el sector, que sabrá aprovechar y responder con éxito porque tiene la capacidad y tecnología que se requieren. Además, es una enorme oportunidad para el país desde el punto de vista de competitividad, ambición ambiental, desarrollo industrial especializado, I+D+i, aportación a la economía española y creación de empleo.