La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) destaca que la Unión Europea ha logrado avances significativos en la reducción de la contaminación atmosférica y la mejora de la calidad del aire durante las últimas décadas. Sin embargo, el informe advierte de que el cumplimiento de los objetivos fijados para 2030 (fit for 55) requerirá esfuerzos adicionales en la mayoría de los Estados miembros, especialmente para reducir las emisiones de amoníaco (NH3), partículas finas (PM₂.₅) y óxidos de nitrógeno. (NOx).
España refleja esta misma tendencia. Por un lado, se han producido avances relevantes en la reducción de emisiones y la mejora de la calidad del aire, estrechamente ligada a la transformación del sistema energético y al progresivo desplazamiento de tecnologías fósiles por energías renovables. La elevada penetración de la energía eólica y solar ha contribuido a reducir las emisiones asociadas a la generación eléctrica, especialmente de SO₂, NOx y partículas, contaminantes directamente relacionados con impactos sobre la salud y el medio ambiente. Al mismo tiempo, las ciudades españolas figuran entre las que más han mejorado sus niveles de calidad del aire en las últimas actualizaciones de la EEA. Por otro lado, el cumplimiento de los compromisos de 2030 dependerá cada vez menos del sector eléctrico y más de la capacidad para reducir las emisiones procedentes de sectores como la agricultura, el transporte y determinados usos térmicos de combustibles fósiles, donde el ritmo de disminución de emisiones sigue siendo insuficiente y serán necesarios esfuerzos adicionales para cumplir los objetivos cada vez más exigentes. En el caso de España, el principal reto sigue siendo la reducción del amoníaco asociado a las actividades ganaderas y agrícolas, un desafío compartido con el conjunto de la UE, donde el 94% de estas emisiones procede del sector agrario. Al mismo tiempo, el transporte es responsable del 53,54% de las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx), mientras que el sector residencial, comercial e institucional es responsable del 61,89% de las emisiones de partículas finas (PM₂.₅).
En este contexto, el despliegue de las energías renovables, y de la energía eólica en particular, se consolida como una de las herramientas más eficaces para avanzar simultáneamente en la descarbonización de la economía y generando beneficios directos sobre la salud pública y la calidad del aire. Acelerar la electrificación de la demanda con electricidad renovable será clave para que España y la Unión Europea puedan alcanzar los objetivos establecidos por la Directiva de Techos Nacionales de Emisión (TNE) para 2030.
