España cuenta con una de las industrias eólicas más competitivas del mundo, más de 37.000 empleos y una cadena de valor completa. Sin embargo, el ritmo de instalación —1,4 GW en 2025 frente a los 5,8 GW anuales necesarios para alcanzar los objetivos del PNIEC— amenaza con abrir una brecha entre nuestra capacidad industrial y el desarrollo del mercado doméstico. Acelerar el despliegue eólico ya no es solo una cuestión energética: es una decisión estratégica para la competitividad y la seguridad del país.
España ha construido durante décadas uno de los sectores eólicos más competitivos del mundo. Tenemos tecnología, conocimiento, profesionales altamente cualificados, capacidad exportadora y una cadena de suministro completa. Somos la tercera potencia eólica europea por capacidad instalada y el cuarto exportador mundial de aerogeneradores.
Sin embargo, corremos el riesgo de encontrarnos ante una paradoja difícil de explicar: tener una de las mejores industrias eólicas del mundo y no generar suficiente mercado doméstico para garantizar su crecimiento, permanencia y competitividad futura.
Los datos muestran las dos caras de esta realidad. España cuenta con 32,9 GW de potencia eólica instalada. En 2025, la eólica volvió a ser la primera fuente de generación del sistema eléctrico peninsular, con 59.378 GWh generados, representando el 24% del mix eléctrico y cubriendo el 21,8% de la cobertura de la demanda.
Detrás de estas cifras existe una realidad industrial que ninguna otra tecnología renovable puede ofrecer. Disponemos de 22.433 aerogeneradores distribuidos en 1.454 parques eólicos y presentes en 860 municipios. El sector emplea a más de 37.000 profesionales y nuestras exportaciones alcanzan los 1.953 millones de euros. La eólica es la única tecnología renovable en la que Europa aún es autónoma industrialmente en todos sus componentes de valor añadido y en España tenemos la suerte de contar con el 100% de su cadena de valor.
No hablamos, por tanto, únicamente de energía renovable. Hablamos de industria, empleo, innovación, exportaciones, competitividad y autonomía estratégica.
En 2025, España instaló 1.420 MW de nueva potencia eólica. Es una cifra que contrasta con el ritmo necesario para alcanzar los objetivos del PNIEC: aproximadamente 5,8 GW anuales. La distancia entre ambas magnitudes refleja con claridad la dimensión del desafío. Para que exista una cadena de valor propia y competitiva tiene que existir también un mercado de proximidad que proporcione visibilidad, volumen y estabilidad, y que permita a las empresas planificar inversiones a medio y largo plazo.
Esta cuestión adquiere todavía mayor relevancia en el contexto internacional actual. Europa está inmersa en una carrera global por preservar su capacidad industrial y reducir dependencias estratégicas. España parte de una posición privilegiada. Pero ninguna ventaja competitiva es permanente. Una industria sin un mercado doméstico suficientemente dinámico corre el riesgo de perder escala, inversión y empleo, y aumentar dependencias del exterior.
El problema no parece estar en la ausencia de apetito inversor. A cierre de 2025 existían 32,5 GW eólicos en diferentes fases de tramitación. Pero estos proyectos se enfrentan a retos y riesgos significativos. La judicialización masiva en determinados territorios y la incapacidad de los procedimientos administrativos para avanzar al ritmo exigido desde Bruselas son dos de los ejes principales sobre los que hay que actuar con urgencia. Necesitamos procedimientos administrativos más ágiles y coordinados. Agilizar no significa reducir las garantías ambientales ni la participación de los territorios. El desafío es conseguir que aquellos que sean viables puedan materializarse con mayor rapidez, previsibilidad y seguridad jurídica.
Y desbloquear los nuevos proyectos eólicos es solo una parte de la ecuación. España tiene también ante sí una oportunidad extraordinaria en la repotenciación. Cerca de 9,77 GW de potencia eólica instalada supera ya los 20 años de antigüedad. Modernizar estos parques permite aprovechar algunos de los mejores emplazamientos eólicos del país, aumentar la generación y hacerlo con aerogeneradores más modernos y eficientes.
Los resultados empiezan a mostrar el potencial de esta transformación. En 2025, la repotenciación de siete parques permitió reducir el número de aerogeneradores de 147 a 20. Además, existen actualmente 109 proyectos de repotenciación en desarrollo que modernizarán 3.101 MW.
Pero el verdadero desafío para la eólica y el sistema energético español es electrificar la economía. Necesitamos más demanda eléctrica. La industria, el transporte y la climatización deben avanzar hacia una mayor electrificación. Y este es el reto en la política energética actual que puede transformar de forma definitiva nuestra economía y sociedad.
Disponer de la energía eólica es una de las grandes ventajas de España para atraer nueva actividad económica e industrial. En un escenario global en el que las empresas deciden dónde invertir atendiendo cada vez más al coste, la disponibilidad y el origen de la energía es un factor diferencial. Pero una ventaja competitiva solo existe si somos capaces de aprovecharla.
El desarrollo de la eólica marina, la ampliación y modernización de las redes, el despliegue del almacenamiento de forma eficiente, la repotenciación y el diálogo permanente con los territorios forman parte de una misma estrategia. Los 860 municipios que ya conviven con parques eólicos recuerdan, además, que esta transformación tiene una dimensión territorial fundamental. Saben perfectamente que el desarrollo eólico se traduce en oportunidades económicas, empleo y beneficios tangibles para las comunidades que acogen los proyectos. Pero esta palanca de progreso y transformación se debe extender a muchos más municipios.
Podemos contemplar la transición energética como una obligación para alcanzar unos objetivos climáticos o podemos entenderla también como una de las mayores oportunidades industriales, económicas y sociales de las próximas décadas que se encuentra delante de nosotros. La diferencia entre ambos escenarios estará, en buena medida, en nuestra capacidad para acelerar la tramitación de los proyectos eólicos.
La eólica es mucho más que la eólica. Tenemos industria, tecnología, talento, interés inversor, recurso eólico y casos de éxito en la España rural. Lo que necesitamos es ampliar mercado, visibilidad y un ritmo de despliegue acorde con los objetivos nacionales y europeos de transición energética. Nuestro viento es nuestro progreso.
Juan Virgilio Márquez, director general de la Asociación Empresarial Eólica (AEE)

