Calor, incendios y energía

3 de agosto de 2026

Olas de calor cada vez más frecuentes y mayores temperaturas. En los albores del verano, las muertes por esta causa se cuentan por miles en Europa, más de un centenar en Galicia. El cambio climático es una realidad observada, medida y cuantificada que nos azuza cada vez con mayor intensidad y riesgos para la salud. Estos períodos de sequía y calor provocan que la tierra sufra un estrés invisible que influye en la propagación de los incendios forestales. Duele hablar de la terrible tragedia con muertos en Almería. O fuegos como el de Guadalajara que calcinan superficies enormes de bosques y se antoja muy complicada y arriesgada su extinción. En Galicia, tenemos muy presente los siniestros de Ourense del pasado agosto. Por eso conviene recordar que los parques eólicos son buenos aliados en la prevención de incendios, porque las pistas de acceso actúan como cortafuegos, los sistemas de monitorización de los aerogeneradores ayudan a prevenir y actuar con rapidez, y el personal de mantenimiento favorece la alerta temprana. Interesa recordar el ejemplo de 2023 en Viveiro, donde gracias a una línea de evacuación eólica, que actuó de cortafuegos, evitó que ardiese mucho más monte, además de facilitar el acceso de vehículos destinados a apagar el fuego. Estas actuaciones y equipamientos de los recintos eólicos constituyen una defensa estructural contra los incendios forestales, que en los últimos años han crecido un 80 % según datos del Gobierno de España.

El objeto de un parque eólico es, sin duda, la generación de electricidad limpia. Europa siempre apostó por la aceleración de las energías renovables, considerándolas de interés público superior, que no se acaba de aplicar. En plena transición energética y en el actual contexto geopolítico, la UE aboga por la electrificación masiva de la economía; hasta el punto de pretender que la electricidad debe pagar menos impuestos que el gas. Europa ha pagado 50.000 millones de euros más sin recibir más energía, según el comisario europeo de Energía, que a la par afirma que subvencionar los combustibles fósiles es como dar azúcar a un diabético. De ahí que todos debamos seguir bajando las emisiones tóxicas, algo que en Galicia está muy relacionado con el transporte y las calefacciones, una vez que se cerraron las centrales térmicas de Meirama y As Pontes, principales emisoras de gases de efecto invernadero.

Pero Galicia sufre otra realidad: la paralización judicial de unos 90 proyectos eólicos desde hace cinco años, cuya tramitación ambiental es correcta, ratificada por varias sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Actualmente, el futuro energético de Galicia es incierto y absurdo. Tenemos el recurso del viento y un tejido industrial altamente capacitado. Tenemos proyectos empresariales e inversiones multimillonarias esperando por 8 TWh de nueva energía renovable. Y el sector eólico, esencial palanca del progreso económico en Galicia y que produce electricidad verde, cercana y barata, sigue parado. Estamos en la coyuntura de un incendio invisible y destructor.

Por Manuel Pazo, presidente de Asociación Eólica de Galicia.